Crece la importancia de la ‘simbiosis industrial’. Entrevista a Aniceto Zaragoza, director general de Oficemen

Los aditivos y la descarbonización son dos de los temas tratados en profundidad en la entrevista realizada a Aniceto Zaragoza, director general de Oficemen, para Realidad Mapei.
23 de mayo de 2022

El sector de la construcción, y en especial el del cemento y los aditivos, está experimentando importantes cambios. ¿Cuál es la posición de Oficemen respecto a la descarbonización del sector?
El Pacto Verde Europeo nos marca el camino a recorrer y permite a industria, administración y ciudadanos avanzar conjuntamente en la consecución de unos retos que, estamos seguros, se convertirán en oportunidades para toda la sociedad. 

Nuestra industria siempre ha priorizado todos los aspectos vinculados a la sostenibilidad. Muestra de ello es que hace ya más de un año que presentamos nuestra Hoja de ruta para alcanzar la neutralidad climática en 2050, una iniciativa que nos situó como una de las industrias pioneras en nuestro país a la hora de marcar una agenda propia de reducción de emisiones, con objetivos y medidas concretas. 

En ella, alineándonos con el Pacto Verde Europeo, proponemos la colaboración de toda la cadena de valor, basada en el “Enfoque de las 5C”. Tomando como punto de partida las áreas de mejora en Clinker, Cemento, Hormigón (Concrete en inglés), Construcción y (re)Carbonatación, nuestro sector ha identificado aquellas actividades del proceso integral de fabricación, distribución y vida útil del cemento y sus derivados, en las que se pueden reducir significativamente las emisiones. Esta hoja de ruta también analiza las tecnologías clave que permitirán completarla, así como los apoyos necesarios por parte de las administraciones públicas para impulsar esta transformación, durante los próximos 30 años.

¿Cuáles son los pasos que está realizando la industria cementera española en torno a los nuevos retos del sector?
La industria cementera española está ya trabajando, tanto a título individual como sectorial, en actuaciones innovadoras y proyectos sostenibles concretos, que nos permitirán afrontar el desafío que supone alcanzar el objetivo de la neutralidad climática en 2050. 

Hablamos, por ejemplo, de usar materias primas descarbonatadas, de emplear combustibles derivados de residuos en sustitución de los combustibles fósiles, o de fuentes de energía alternativa basadas en el hidrógeno y las energías renovables; de la implantación de tecnologías emergentes como las tecnologías CAUC para la captura, transporte, almacenamiento y usos del CO2 o el desarrollo de nuevos cementos bajos en carbono.

Pero también tenemos que considerar que las alianzas con todos los grupos de interés, las alianzas empresariales, la colaboración público-privada, el apoyo institucional, la adaptación a los cambios normativos o el acceso a la financiación verde, son también algunos vectores clave para esta transformación sin precedentes en la que se encuentra inmerso el sector y que se mantendrá viva durante los próximos años.

En el ámbito de la sostenibilidad, también quisiera destacar la importancia creciente del concepto de ‘simbiosis industrial’, que permite interconectar a las industrias para un mejor aprovechamiento de las materias primas y recursos, dentro de una economía realmente circular. En ese sentido, en la actualidad, la industria cementera española se relaciona ya con 88 sectores económicos, cuyos residuos valoriza material y energéticamente. Y gracias a ello, desde 2004, hemos reintroducido en la cadena productiva casi 60 millones de toneladas de desechos provenientes de otros sectores de actividad, evitando así el uso de materias primas equivalentes y combustibles fósiles, haciendo realidad el paso de residuo a recurso.

¿La normativa actual, el CTE y el Código Estructural se adapta a las necesidades del mercado y la industria?
La construcción, un gran sector del que formamos parte, es una pieza clave en nuestro camino como sociedad para alcanzar la neutralidad climática en 2050. Y este objetivo tiene que ser y es, una necesidad vital para que nuestra economía, y con ella el conjunto de la industria, pervivan.  

Si ya en 2019, la actualización del Código Técnico de la Edificación contemplaba las nuevas exigencias de eficiencia energética, podemos afirmar que el nuevo Código Estructural, que afecta directamente a nuestro sector ya que actualiza la reglamentación vigente relativa a las estructuras de hormigón, de acero y mixtas, derogando la Instrucción de Hormigón Estructural (EHE-08), ha llegado en el momento adecuado.

Esta nueva normativa, no solo introduce novedades para adaptar la reglamentación vigente a los progresos técnicos, a las nuevas demandas ambientales, o a las actuales disposiciones legislativas en el ámbito comunitario, sino que, además, su aprobación coincide con una situación límite en materia de sostenibilidad y emergencia climática que ha sido tenida en cuenta y a la que da respuesta. 

Desde la industria cementera, también se ha colaborado en el desarrollo de la nueva norma UNE EN 197-5 de cementos compuestos, que permite un uso más intensivo de adiciones, cuya inclusión en el nuevo Código Estructural es muy necesaria para lograr los compromisos climáticos asumidos por el sector.

¿La innovación en los aditivos está siendo una palanca de cambio e innovación para el sector del cemento en nuestro país?

Como decíamos, la incorporación de nuevos cementos bajos en carbono, como el Cemento Portland compuesto CEM II/C-M y el Cemento compuesto CEM VI de la UNE-EN 197-5:2021 –que se anticipa también a las exigencias en materia de descarbonización para el año 2030-, requiere de una nueva gama de aditivos, ya que estos nuevos cementos contienen un elevado contenido de adiciones que, en algunos casos, requieren de una mayor demanda de agua y, en otros, aportan una mayor fluidez. Por tanto, el concepto de nuevos cementos o nuevos requisitos siempre va ligado a nuevos aditivos. En cuanto a los nuevos requisitos, además del tradicional incremento de la docilidad de la mezcla en la elaboración del hormigón, recientemente, se están desarrollando aditivos que incrementan la resistencia del cemento y que son más compatibles con la utilización de un elevado contenido de combustibles alternativos a la hora de fabricar el clínker, algo imprescindible en la reducción de emisiones. 

Y todo esto, va también alineado con nuestra ‘Hoja de ruta de la industria cementera española para alcanzar la neutralidad climática en 2050 mencionada anteriormente, que prevé incluso que la digitalización de los procesos pueda ayudar a mejorar la clasificación de los áridos y optimizar las mezclas a la hora de elaborar cemento y hormigón.

La sostenibilidad es muy relevante para Oficemen, ¿hay un cambio de paradigma en la manera de producir cemento y relacionarse con el sector y la sociedad?  
La relación de la industria del cemento con la sociedad es fundamental en todo este proceso de transformación sin precedentes. Me gustaría destacar que la primera fábrica de cemento de nuestro país data del año 1898. Esta industria lleva más de cien años contribuyendo al desarrollo económico y social de las comunidades en las que opera. Para nosotros, las prácticas socialmente responsables de las empresas cementeras suponen formar parte de la historia económica y social de esas comunidades. Una de las características inherentes a la responsabilidad social empresarial es la visión a largo plazo, y nosotros somos una industria de largo plazo.

Contar con la confianza de los grupos de interés es una prioridad. No olvidemos que nuestro gran reto de alcanzar la neutralidad climática en 2050 es alcanzable sí y solo sí toda la cadena de valor se alinea y responsabiliza. Estrechar lazos y fomentar las sinergias con otros sectores industriales, así como contar con el apoyo de las administraciones públicas y con el de las comunidades en las que operamos, va a ser determinante. 

Las estadísticas de consumo de cemento de Oficemen son un termómetro de la evolución del sector de la construcción, ¿cómo ve la evolución futura del sector de la construcción en España?

A la luz de los datos que ahora mismo tenemos disponibles, que abarcan hasta abril de 2021, la situación es compleja y está marcada por la incertidumbre, principalmente por el alza de los costes energéticos derivada de la invasión de Ucrania, algo que, inevitablemente, nos afecta a nosotros, como sector, al conjunto de la industria y al tejido económico en general.

En el acumulado del año, el consumo de cemento ha crecido un 4,8%, lo que supone, en valores absolutos, un consumo de 4.787.803 t, 220.000 más que en el mismo período de 2021. No obstante, otros indicadores más adecuados para evaluar la tendencia en el medio plazo reflejan un crecimiento acumulado del 6,5% (may’21-abr’22), una cifra que, aunque a priori puede ser mirada con optimismo, refleja una fuerte ralentización del crecimiento, que ha perdido casi 10 puntos porcentuales desde el inicio de la guerra en el mes de febrero, cuando el consumo acumulado de año móvil crecía aun a un ritmo del 16%. A pesar de ello, el consumo de cemento en los últimos 12 meses aún supera la barrera de los 15 millones de toneladas anuales, 900.000 toneladas más que en el período anterior, lo que nos deja margen para aventurar un cierre de año en positivo, especialmente si cristalizan las medidas previstas para aliviar el peso de la partida de energía en nuestros costes variables.

Tenemos por delante una década apasionante; tanto la industria cementera como el sector de la construcción en general. Pero también se nos presentan muchos obstáculos. Es evidente que el contexto económico mundial, con las diferentes afectaciones geopolíticas, energéticas, de suministros, etc., son un hándicap para tener en cuenta en el desarrollo del sector. No obstante, la resiliencia adquirida en periodos anteriores sitúa a la construcción como uno de los sectores con más experiencia para afrontar cambios estructurales y/o coyunturales. Creo firmemente en que la industria de la construcción está en una posición privilegiada, sólida y preparada, para afrontar los desafíos del actual contexto económico social pudiendo convertirse en la palanca de impulso económico y del empleo para nuestro país.

 

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